Desde que asumí mi condición sexual, mi personalidad cambio. Antes era
un chico sociable, divertido, siempre me gustaba participar en fiestas,
actividades en la universidad, salir con
mis amigos, pero cuando descubrí mi homosexualidad, deje todo eso de lado, fue
un acto natural como si el proceso de la vida me condujo a una soledad
personal.
Nunca he tenido una pareja con quien compartir mis sentimientos, pasar tardes
románticas como las que vemos en las películas o simplemente estar abrazado a
alguien solo por amor.
Pero eso cambia cuando la noche llega. Todo se transforma, hasta yo.
Me pongo tacos llamativos, una peluca larga negra, maquillo mi rostro lo
mas femenino posible, mi ropa no queda atrás y las mini faldas son mi segunda
piel. Prendo un cigarro durante mi transformación de Claudio a Luciana.
El cigarro está a punto de acabarse y me tomo dos golpeados de tequila
antes de salir a la calle. Son más de las 01:00 de la madrugada, llego a una
calle que es conocida como el barrio rojo de mi ciudad, los autos paran a preguntarme las tarifas de los
servicios. Unos aceptan y otros siguen de largo.
Muchas veces los hombres no son guapos ni jóvenes, pero tienen dinero y
su voz de macho me vuelve loco, así que me subo igual y nos vamos algún motel.
Cuando estamos solos en la cama todo es placer, calentura, deseo mutuo,
son amores de 40 minutos.
Son amores de una noche que me hacen llegar a las nubes, son amores por
dinero y fantasía de estar con la “chica” guapa, pero a la
vez es un chico de trasero tentador. Ellos solo buscan eso, quitarse las ganas
que quizás en sus casas no encuentran, que no tienen en otros lados y yo estoy ahí
para cumplir esa tarea y a la vez ganar dinero, pero esta vida no la quiero
tener más.
Cada vez que llego a mi casa, me quito el maquillaje, la peluca, los
tacos y vuelvo a ser yo, vuelvo a ser Claudio y es ahí donde vuelvo a ser el
chico tímido, el chico que nunca ha podido tener un amor verdadero, un amor sin
dinero, un amor sin la fantasía de estar vestida de Luciana.
Me tiro a la cama, miro el techo
y no puedo evitar las lágrimas que me caen al preguntarme porque todos desean a
Luciana y nadie se fija en Claudio, quiero salir de esta vida que solo me trae
dinero y nada más que dinero.
Solo caí en este mundo buscando el placer de estar con otro hombre pero
en forma de juego, creyendo inútilmente que una vez probada la sensación de ser
un travesti podría encontrar a un chico para mí, ese chico que siempre ha
estado en mi mente pero no en mi vida. Qué iluso. . .
Ya han pasado tres años desde que por las noches soy Luciana, tres años
donde la única manera de estar con un hombre es a través del dinero y la peluca.
Tres años que como Claudio me siento vacio, solo, rechazado, incompleto y que
Luciana ha sido mi vía de escape para sentir lo más parecido a lo que mucho
llaman
A M O R. . .
A M O R. . .
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| LucianaPorPlacer/ZantoPutoBlogger |

Siempre he pensado lo mismo: un buen % de travestis debe buscar algo más que dinero, como señala Luciana/Claudio, una vía de escape para poder encontrar ese amor que a veces, resulta tan esquivo.
ResponderEliminarComo te conté este año, tuve la fortuna de tener a tres alumnos travestis. Y fue algo que significó un gran cambio de mentalidad para muchos, para toda una comunidad educativa. Ver cómo el público invitado a la ceremonia de licenciatura aplaudía efusivamente, con absoluto respeto a uno de ellos, fue sorprendente,
Buena columna, amigo. Un personaje sencillo, pero lleno de mucha humanidad, Saludos. Y sigue escribiendo, porque pasta tienes de sobra.
Gracias y tambien pienso lo dificil de la doble vida de muchos.chicos.
ResponderEliminarGracias.por.el.animo y vamos.por.mas :)